El mercado está haciendo exactamente lo que haría cualquier mercado en las mismas condiciones. El problema no está en el comportamiento de los agentes. Está en las condiciones en que funciona el sistema.
Portugal sigue teniendo uno de los niveles de construcción por habitante más bajos de Europa. Producimos aproximadamente la mitad de las viviendas necesarias para equilibrar la demanda. Y esto ocurre no por falta de interés o de capital, sino por un conjunto de barreras que siguen obstaculizando el desarrollo.
La lentitud en la concesión de licencias, la complejidad de los procesos burocráticos, los elevados costes de construcción, las dificultades de acceso a la financiación y la ineficacia de la gestión territorial son sólo algunos de los factores que limitan la oferta. A todo ello se suma una política de vivienda que a menudo actúa más sobre la demanda que sobre la creación de nueva oferta.
Incentivar la compra sin aumentar significativamente la construcción tiene un efecto previsible: más demanda para la misma oferta. Y cuando eso ocurre, los precios suben.
Otro punto crítico es el mercado del alquiler. En Portugal, sigue estando poco desarrollado y es poco atractivo para los inversores institucionales. Falta estabilidad, falta confianza y falta un marco fiscal que favorezca la creación de un verdadero mercado de alquiler a largo plazo, como ocurre en países como Alemania o Dinamarca.
Al mismo tiempo, siguen existiendo soluciones de las que se viene hablando desde hace años, pero que apenas se han aplicado. La industrialización de la construcción, la creación de clusters urbanos planificados, la profesionalización del sector y la simplificación administrativa son claros ejemplos de medidas que podrían tener un impacto inmediato.
El problema no es la falta de ideas. Es una falta de ejecución.
Y mientras sigamos posponiendo decisiones estructurales, el mercado seguirá funcionando de la única manera que puede hacerlo: con poca oferta y precios altos.
El sector inmobiliario no es sólo un reflejo de la economía.
Es uno de sus motores.
Y si queremos un crecimiento sostenible, tenemos que empezar por abordar lo que sabemos desde hace mucho tiempo.








